A lo largo de las capitales del mundo, los jefes de estado y los gobiernos están
haciendo planes para una de las reuniones más importantes de principios del
Siglo 21.
La Cumbre Mundial 2005, que se llevará a cabo a principios de septiembre en
Nueva York, tiene como objetivo presentar una Organización de las Naciones
Unidas nueva y reforzada en varias áreas; desde seguridad hasta derechos
humanos.
También se hará un balance de como vamos con relación a los Objetivos de
Desarrollo del Milenio al 2015. Estos incluyen desde la erradicación de la
pobreza y el abastecimiento de suministros seguros y suficientes de agua
potable hasta la potenciación del papel de la mujer y el revertir la propagación
de enfermedades infecciosas.
Ya que está claro que, mientras que se están llevando a cabo muchos avances
importantes en estos campos, también está claro que no es muy probable
alcanzar estos objetivos acordados internacionalmente sin contar con un nuevo
sentido de la urgencia y más imaginación en cuanto a las soluciones.
A través de meses recientes, el medio ambiente ha emergido como un pilar
crucial, si no es que como la piedra angular, sobre la cual los objetivos podrían
ya sea levantarse o caer.
Un mundo más seguro: Nuestra responsabilidad compartida, el reporte del
Panel de Alto Nivel del Secretario General sobre Amenazas, Retos y Cambio,
dice: “La degradación ambiental ha acrecentado el potencial destructivo de
los desastres naturales y, en ciertos casos, acelerado su aparición. Más de dos
mil millones de personas se vieron afectadas en la década pasada”.
Uno de los reportes interinos del Proyecto de las Naciones Unidas para el
Milenio, solicitado por el Secretario General para la revisión de Septiembre,
declara: “Una cantidad considerable de información científica apunta a la
degradación ambiental – la erosión de la diversidad genética, la pérdida de
especies, la degradación de ecosistemas y el declive de servicios de los
ecosistemas – como una causa directa de muchos de los problemas más
apremiantes que enfrentamos en la actualidad, incluyendo la pobreza, el
declive de la salud humana, el hambre, el agua no potable, la aparición de
enfermedades, la migración rural-urbana y los conflictos civiles”.
O sea que el medio ambiente no es un lujo, no es una cartera Gucci o una
elegante corbata de seda, disponible solamente cuando todos los otros
problemas se han resuelto.
Se trata del oxígeno que le da vida a los Objetivos. Es el listón rojo que rodea
nuestras aspiraciones comunes por un mundo más saludable, más estable y
justo.
También es un factor crítico para las economías de países y regiones. Un
hecho que los gobiernos todavía tienen que asumir, pero lo ignoran, a costa de
un peligro económico para ellos.
Cuando el Consejo de la Ciudad de Nueva York se enfrentó a la necesidad de
suministrar agua potable más segura a sus nueve millones de clientes, también
se enfrentó con una cuenta de aproximadamente $6 mil millones de dólares
para filtrar el agua.
En lugar de comprar maquinaria, la ciudad decidió llevar a cabo un mejor
manejo de las orillas de los ríos, agricultura y otros ecosistemas para reducir la
contaminación hacia el sistema fluvial Catskill/Delaware.
Al trabajar con la naturaleza, la ciudad gastó solamente $1 mil millones de
dólares para suministrar agua potable confiable a Nueva York y, de esa
manera, ahorró entre $3 y 5 mil millones de dólares.
Esta clase de argumentos económicos concretos también se subraya en la
Evaluación del Ecosistema del Milenio, publicada recientemente, y en los
reportes derivados de la misma.
Siendo el trabajo de 1,300 científicos y expertos de 95 países, esta evaluación
ha empezado a asignarle un valor a los ecosistemas individuales y al servicio
que suministran.
La evaluación comenta que un terreno pantanoso en Canadá vale US $6,000
por hectárea, contra US$ 2,000 por una hectárea que ha sido limpiada para ser
usada en agricultura intensiva.
Los manglares tropicales en estado original, que son ecosistemas costeros que
funcionan como viveros de peces, filtros naturales de la contaminación y
defensas costeras, valen alrededor de US$ 1,000 por hectárea. Una vez
limpiados para utilizarse como criaderos de camarón, el valor cae hasta
aproximadamente US $200 por hectárea.
La evaluación también le asigna un valor a ciénegas y pantanos. El valor
estimado para el Pantano de Muthurajawela, una ciénega costera de más de
3,000 hectáreas en Sri Lanka, es de aproximadamente US$5 millones por año,
como resultado de servicios tales como el control local de inundaciones.
En la región del Cabo Floral (“Cape Floral”) en Sudáfrica, las pérdidas
debidas al daño ocasionado por especies invasoras extrañas se calcula en
aproximadamente US $2,000 por hectárea.
El valor anual de los arrecifes de coral en las seis Áreas de Administración
Marina de las islas de Hawai, por concepto de recreación, varía entre los
US$300,000 y los cientos de millones de dólares al año.
Estudios de Algeria, Italia, Portugal, Siria y Túnez también señalan el valor de
los bosques en estado original.
Estos estiman que el valor de la madera y del combustible de madera de un
bosque es menor a un tercio cuando se compara con el valor de servicios como
la protección por medio de líneas divisorias de aguas y los recreativos, hasta la
absorción de contaminantes, como los gases de invernadero.
La quema de 10 millones de hectáreas de bosques en Indonesia a fines de los
años 90’s costó aproximadamente US$ 9 mil millones, como resultado de
factores que incluían pérdidas en gastos para el cuidado de la salud y en
turismo.
También hay nuevos hallazgos sobre la conexión que existe entre la
propagación de enfermedades y la destrucción del medio ambiente. El
suministro de mosquiteros tratados, una mejor disponibilidad de medicina
barata contra la malaria y el desarrollo de vacunas son cruciales, pero también
lo son los ecosistemas saludables.
Estudios en el Amazonas, conducidos por investigadores de la Universidad
John Hopkins en los Estados Unidos, han dado como resultado que por cada
uno por ciento de aumento en la deforestación, hay un ocho por ciento de
aumento en el número de mosquitos portadores de malaria.
Esto tiene implicaciones para la salud humana, pero también para el desarrollo
económico. Se calcula que el Producto Nacional Bruto de África (PNB) en el
año 2000 podría haber sido mayor en un 25%, ó US$100 mil millones, si la
malaria hubiera sido erradicada hace 35 años.
Por lo que, es nuestro deseo más sincero que cuando los jefes de estado se
reúnan en Nueva York, coloquen al “capital natural, o de la naturaleza” al
frente junto al capital humano y al financiero.
Y que también reconozcan que inversiones en medio ambiente, que sean
importantes y dirigidas, incluyendo la restauración y rehabilitación de zonas
pantanosas, bosques, manglares, arrecifes de coral y similares, que están
dañadas o degradadas, ofrecen una recuperación muy alta y acortan el camino
hacia el logro de los ocho Objetivos.
Cualquier acción menor solamente minará nuestros esfuerzos para vencer a la
pobreza y el proporcionar un desarrollo sustentable; y cambiará a corto plazo
las generaciones presentes y futuras. |