Mark Lambrides
Director Secretariado Regional REEEP para América Latina y el Caribe
En Febrero de este año PETROBRAS, la empresa petrolera del Brasil, anuncio sus planes de construir un gasoducto de 8000 km. de extensión entre Venezuela y Argentina con una inversión de U$ 23000 millones de dólares. Según las declaraciones del presidente de la compañía, el gasoducto crearía un fuerte “anillo energético” a través del continente, favoreciendo el futuro establecimiento de industrias electro-intensivas como las del acero y fertilizantes.
Desde una perspectiva energética global, Venezuela como el cuarto mayor productor mundial de petróleo probablemente es el país más poderoso en el continente. Se construya o no este gasoducto, los combustibles fósiles seguirán aumentando de precio por muchos años más. Pero paradójicamente, mientras el poder político de los países de la región crece gracias a las mejoras en la infraestructura de la energía convencional y una abundancia de recursos, ellos también están ávidos en la búsqueda de otras alternativas. Nadie quiere ser muy dependiente de las importaciones – especialmente de aquellas que provienen de una sola fuente.
Una intensa actividad comercial
El caso de Chile es para destacar. Este productor de cobre, productos de madera y vino ha crecido rápidamente en el ranking internacional y ahora contribuye positivamente para el superávit financiero global del continente, la primera experiencia en 50 años. Un crecimiento sostenido en la demanda de energía ha acompañado este éxito económico, consecuentemente la seguridad y eficiencia energética han comenzado a tener mayor importancia.
El abastecimiento energético se ha convertido en una preocupación para el gobierno. En una región ocasionalmente volátil, lo atractivo de recursos renovables locales y seguros se ha vuelto mucho más evidente ahora. Una organización internacional, con sede central en Viena, ha asumido roles de ayuda a Chile para encontrar mecanismos de introducción de energías renovables dentro de la matriz energética. REEEP, una coalición global formada en la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible - Johannesburgo 2002, apoya las iniciativas de políticas para mercados de energía limpia y facilita el financiamiento para la producción de energías renovables.
Sin embargo las energías renovables no son totalmente nuevas en Sudamérica. Los caudalosos y extensos ríos del continente han sido la fuente de energía eléctrica de América del Sur por medio de las usinas hidroeléctricas, aunque estas incrementalmente están siendo reemplazadas por el gas natural. Fuentes alternativas de energía renovable en este mercado regional en su mayor parte liberalizado, incluyendo energía solar, eólica, geotérmica, biomasa moderna y pequeñas centrales hidroeléctricas representan un papel muy pequeño. Pero recientemente una repentina escasez en el abastecimiento de gas natural en la Argentina y los efectos de cuatro años de sequías en las hidroeléctricas han alarmado al gobierno chileno e impulsado la búsqueda por alternativas diferentes.
En 2003, los trabajadores petroleros argentinos realizaron una huelga, la moneda perdió un tercio de su valor, y los precios del gas para Chile subieron a las nubes. Y fue en este escenario que Chile se dio cuenta que las importaciones de gas no estaban garantizadas. Y así lo demostró al estimular la inversión en varias plantas geotérmicas y eólicas creando un fondo de investigación para estudios de factibilidad en energías renovables.
Impedimentos para políticas de energía limpia
La creación de políticas ha sido por amplio margen el punto débil de América Latina y el principal cuello de botella que ha frenado el desarrollo de energías renovables. Las políticas no han sido capaces de abordar el problema de manera integral, ya sea desde el punto de vista económico, de seguridad energética o medioambiental y pocas leyes de incentivo para la energía limpia han sido sancionadas. Inminentemente, conforme el área se torna rica, ninguna reducción en las emisiones de carbono en el Hemisferio Norte puede ser cuestionada ante un desordenado uso de la energía en los mercados emergentes.
Una amplia gama de obstáculos políticos y financieros existen, incluyendo acuerdos que favorecen bajos costos iniciales y costos fijos de suministro (combustible fósil) en contra de altos costos iniciales y bajos costos de suministro (energía renovable). En América Central y América del Sur varios de los sistemas privados de energía consisten en mercados competitivos independientes (generación, transmisión, y generación separadas) los cuales enfocan sus acuerdos comerciales en los precios del mercado spot a corto plazo, lo mismo que en inversiones con un tiempo de proyecto muy corto y bajo capital inicial. De este modo, sistemas alternativos de energía como lo son las energías renovables están en desventaja.
El rol de REEEP en varios de estos países ha sido ayudar en la búsqueda de mecanismos financieros imaginativos los cuales auxiliarán a introducir tecnologías de energía renovable dentro de este complicado sistema energético, por ejemplo introduciendo nuevas formas de leasing para estructuras de energía solar en Brasil. Además, esto ayudará a aumentar la conciencia por expandir experiencias financieras y políticas relacionadas con otras partes del mundo que están más avanzadas en esta área.
Un marco global para energías renovables
Guatemala, el país de mayor extensión y población de América Central (a excepción de México) ha tomado la iniciativa y sorprendentemente dada su relativa pobreza (cuenta con la mitad del PIB de Brasil) y su recientemente lograda estabilidad política (su guerra civil acabó finalmente en 1996 después de 36 años) esta unos pasos adelante.
Quizás esta nueva paz encontrada ha traído consigo una forma particular de independencia y determinación, en tan solo en siete años ha promulgado su propia ley de energías renovables, concediendo incentivos tales como exenciones arancelarias a las importaciones de equipos para proyectos de construcción de plantas de energía renovable.
Sin embargo, entre todos los países de América Central, Guatemala es la excepción. Los demás países se están esforzando para dar pasos en energías renovables. Conocida por su pasado revolucionario, la región ha intentado reconstruir sus economías locales subsecuentemente. Todavía un grupo de gentiles, prósperos y creativos rebeldes puede emerger del área si el plan de construir un nuevo paradigma integral de energía es alcanzado. Esta es la visión a la cual la organización no gubernamental BUN-CA y REEEP apasionadamente dirigen sus esfuerzos.
Su objetivo es crear una cultura de empresarios en el sector de energía en toda el área que impulse el crecimiento de los numerosos negocios de eficiencia energética. Una razón es que el desequilibrio de energía se está intensificando porque la demanda de electricidad está doblando cada década; la previsión es que la tasa de crecimiento se encuentre alrededor de 6% en el periodo 2005-2014.
Mecanismos financieros innovadores como Compañías de Servicio Eléctrico (ESCOs por sus siglas en ingles) y leasing de equipos, componentes críticos para el desarrollo del sector, también permitirían involucrar a los participantes convencionales locales como los bancos comerciales y desarrolladores de proyectos.
"Si pudiéramos activar un mercado para los intermediarios financieros e iniciadores de proyecto convenciéndoles que utilicen los mecanismos financieros comercialmente viables como el leasing y calendario de pagos basados en los ahorros de electricidad para las inversiones de eficiencia energética, podemos decir que hemos ganado la primera batalla", expresa Kathya Fajardo, BUN-CA Asistente de Proyectos
Sin embargo, los actores no se sentirán atraídos por la idea a menos que los mecanismos sean diseñados, validados y el apoyo financiero ofrecido. En este sentido BUN-CA llevará a cabo y monitoreará cuatro proyectos como componentes claves de un programa de inversión pionero en eficiencia energética y desarrollará un plan comercial para la inversión en eficiencia energética en Centroamérica. México, su vecino más grande, ya ha creado un modelo para esto. Entre los países de América Central y América del Sur, México es probablemente el que está más avanzado en lo que se refiere a energía limpia, así como es el país con mayores recursos. Ya desde 1990 estableció un fondo crediticio para promover la conservación de energía, mientras que en 1992 liberalizó su sector de energía.
Varias organizaciones de energía en México han estado trabajando para mejorar el marco regulador para habilitar el posterior desarrollo de energías renovables y la cogeneración o generación combinada (CHP). También se ha creado un mercado funcional para Compañías de Servicio Eléctrico (ESCOs) apoyado por el Ministerio de Energía que otros países de América Central quieren copiar.
Es uno de los pocos países en la región que esta considerando seriamente el desarrollo de plantas de generación eólica y está consultando con REEEP y otras organizaciones para tomar la decisión. Fernando Elizondo Barragan, Secretario del Ministerio de Energía de México, recientemente declaró: "Determinar la contribución potencial de la fuentes de energía eólica nos permitirá aprovechar los recursos eólicos de primera clase a nivel mundial con que cuenta México. También ayudará a México a mejorar la seguridad en el abastecimiento de energía y promover el desarrollo sustentable."
Otros países de América Central y América del Sur están empezando a reconocer los beneficios - la seguridad energética a través de la diversificación y estabilización del precio de energía a través de la dependencia concentrada en recursos naturales domésticos - de más energía renovable y eficiencia energética.
Y si estos países se están esforzando, la experiencia de corporaciones internacionales como REEEP y su organización hermana Global Village Energy Partnership-GVEP, la cual se encuentra comprometida con la reducción de pobreza a través del desarrollo de la energía, proporcionarán ayuda tanto política como financiera. Entretanto, el tema de energías alternativas probablemente será más considerado en la agenda conforme mayores impuestos se cobren de los negocios sustentados por fuentes convencionales.
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